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Los bosques del mundo "en peligro"
Foto: Pixabay/2020
Fuente: Greenpeace
Valencia 20
de marzo de 2020

LA PÉRDIDA DE BOSQUES Y EL DETERIORO AMBIENTAL ESTÁN AUMENTANDO EL RIESGO DE TRANSMISIÓN DE ENFERMEDADES

 

• La tala y la deforestación, en particular de bosques tropicales, está permitiendo que los humanos entren en contacto con patógenos a los que no habíamos estado expuestos antes.
• Según la organización Global Forest Watch, desde 2001 a 2018 se ha producido una pérdida de 361 millones de hectáreas de cubierta arbórea a nivel mundial, lo que supone una reducción del 9% desde el año 2000.
• Greenpeace espera que la “reconstrucción social y económica”, tras esta crisis del coronavirus, integre, como una oportunidad, la lucha contra la emergencia climática y ambiental.

En el Día Internacional de los Bosques, que se celebra mañana, Greenpeace recuerda que la tala y la deforestación, en particular en los bosques tropicales de la Amazonia y la Cuenca del Congo, está permitiendo que los seres humanos entren en contacto con poblaciones de fauna silvestre portadores de virus, bacterias y otros microorganismos (patógenos zoonóticos) a los que generalmente los seres humanos no habían estado expuestos. Los expertos señalan que el deterioro ambiental está agravando la permanencia entre la población de estas enfermedades zoonóticas, al mismo tiempo que se espera que la deforestación aumente los brotes de enfermedades zoonóticas.

“Si no asumimos el valor de los servicios que nos ofrecen los ecosistemas, la necesidad de gestionar correctamente los recursos naturales y el hecho de que vivimos en un planeta con límites biofísicos, nos veremos abocados a crisis cada vez más frecuentes y más severas, a las que pondremos el adjetivo de sanitarias, climáticas o migratorias, pero que tienen como elemento común un problema sistémico”, ha declarado Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

Greenpeace se solidariza con los familiares de las personas fallecidas y con las afectadas por el COVID-19, prioridad absoluta en este momento, y recuerda que es importante seguir poniendo de relieve estas realidades, por lo que puedan generar en términos de prevención a futuro. Se estima que el 58% de las enfermedades infecciosas proceden de los animales, son zoonóticas, así como el 73% de los patógenos emergentes o reemergentes. Más de dos tercios de las enfermedades zoonóticas se originan en la fauna silvestre y en los últimos 50 años, ha habido un gran aumento de las enfermedades emergentes que se han atribuido a la invasión humana del hábitat, en particular en los “puntos calientes” de las enfermedades en las regiones tropicales. Un estudio afirmó que alrededor del 30% de los brotes de enfermedades nuevas y emergentes como el virus Nipah, Zika y el Ébola están relacionados, precisamente, con estos cambios de uso de la tierra.

La tala, la caza, la alimentación y el tráfico internacional de fauna silvestre plantean un riesgo considerable de transmisión de patógenos entre especies. Y, debido a las altas densidades de población y al comercio internacional, los efectos de esta transmisión pueden extenderse por todo el mundo. Aunque la deforestación de los bosques tropicales está aumentando el riesgo de transmisión entre la vida silvestre y los seres humanos, parece que la tala selectiva plantea un peligro aún mayor, ya que las zonas de tala retienen la diversidad biológica mucho más que las zonas de desmonte o los bosques quemados. Por lo tanto, la probabilidad de entrar en contacto con enfermedades zoonóticas es mucho mayor.

PÉRDIDA FORESTAL

Estos riesgos aumentan mientras, a la vez, el planeta sigue perdiendo bosques. Los últimos datos disponibles de la FAO señalan que entre 1990 a 2015 se registró una pérdida neta de unos 129 millones de hectáreas de bosque. Según la organización Global Forest Watch, desde 2001 a 2018 se ha producido una pérdida de 361 millones de hectáreas de cubierta arbórea a nivel mundial, lo que supone una reducción del 9% de esa superficie desde el año 2000. Según esta última organización, esa pérdida de cubierta forestal ha supuesto la emisión a la atmósfera 98.7Gt de CO2, agravando el cambio climático.

La transformación de bosques en cultivos (soja, aceite de palma, etc.), pastos para ganado y plantaciones para otras producciones (como pasta de papel, caucho, etc.) son los principales motores de esta deforestación, siempre facilitada por la explotación forestal, frecuentemente ilegal. La demanda de materias primas por parte del mercado español tienen mucho que ver con este problema. El sector cárnico español, de manera especial la ganadería estabulada en régimen intensivo, demanda gran cantidad de piensos, para los que es necesario importar ingentes cantidades de soja. España es líder en la producción de piensos ganaderos y en importación de soja dentro de la UE. En 2017 el 40% de la soja importada procedía de Brasil y el 32% de Argentina, ambos países afectados por intensos procesos de deforestación, precedidos por la quema de la selva. Según fuentes del mismo sector de fabricación de piensos, ni una tonelada de esa soja se ha importado con un certificado de sostenibilidad. También, el pasado mes de febrero, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dio a conocer los resultados de una investigación del Seprona donde se ponía de manifiesto la complicidad del sector de la madera en España con los graves problemas de la tala ilegal y el contrabando mundial de maderas preciosas.

Este mismo miércoles, en la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso, Pedro Sánchez afirmó que “experiencias previas con el sida, el ébola, las vacas locas, o la gripe A, no han sido suficiente para frenar el impacto mundial del coronavirus. Cada una tiene sus singularidades”. Pero, en opinión de Soto, “estas experiencias tienen algunos elementos en común. El principio de precaución es una herramienta fundamental para minimizar los daños. Las políticas preventivas evitan la pérdida de vidas humanas y reducen los altos costes económicos de estas crisis; un buen sistema de salud público es vital para asegurar una cobertura a toda la población; y un medioambiente saludable, con recursos naturales bien gestionados (aire, agua, alimentación), son una salvaguarda para hacer comunidades más resilientes a estas crisis”.

 

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