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Pesca de tiburones
Foto: Greenpeace/2019

Fuente:
Greenpeace
Valencia 27
de junio de 2019

LA FLOTA PESQUERA ESPAÑOLA ES RESPONSABLE DE LA CAPTURA DE LA MAYOR PARTE DE LOS TIBURONES EN LA UNIÓN EUROPEA

 

• Barcos españoles y portugueses capturan cada año hasta 25.000 tiburones marrajo, en peligro de extinción.
• La ausencia de protección en aguas internacionales provoca la muerte de alrededor de 100 millones de tiburones al año.
• Algunas poblaciones de tiburones han disminuido hasta en un 99% debido a la actividad humana.
• No existe un mecanismo legal para establecer santuarios marinos en aguas internacionales y solo en torno al 3% de los océanos están totalmente protegidos.

Activistas de Greenpeace se enfrentaron ayer a un pesquero español que capturaba tiburones con palangre a unos 300 kilómetros de distancia de las Azores. La organización ecologista protestó de manera pacífica desplegando una pancarta con el mensaje Sharks Under Attack (Tiburones bajo ataque), el mismo nombre de un informe que hoy publica Greenpeace y que revela que la falta de protección en las aguas internacionales provoca la muerte de alrededor de 100 millones de tiburones cada año, de los que de miles se encuentran en peligro de extinción.

El barco Esperanza de Greenpeace, que se encuentra estos días en el Atlántico Norte, fue ayer testigo de una práctica habitual: barcos de pesca cuyo objetivo es la captura de pez espada, pero que, al hacerlo, atrapan cuatro veces más cantidad de tiburones (en peso). Durante la protesta, la tripulación de Greenpeace no observó que se capturara ni un solo pez espada y advirtió, en cambio, la extracción de al menos ocho tiburones de la línea de pesca de casi 64 kilómetros de largo.

“Es absolutamente inmoral matar a tiburones y a otros animales salvajes con estas terribles prácticas de pesca. Hoy estamos visibilizando a los culpables, pero necesitamos urgentemente un sólido Tratado Global de los Océanos que permita establecer límites de pesca más estrictos para proteger nuestros océanos”, ha declarado Will McCallum, de la campaña de Protección de los Océanos de Greenpeace, a bordo del Esperanza.

El informe Tiburones bajo ataque también destaca el impacto devastador que la sobrepesca está teniendo en las poblaciones de tiburón marrajo, el más rápido del mundo, estrechamente ligado al tiburón blanco. El estudio señala que los barcos españoles y portugueses en el Atlántico Norte están capturando hasta 25.000 tiburones marrajo al año.

El análisis de Greenpeace demuestra que, si se detuvieran inmediatamente todas las capturas de marrajo común, tan solo se podría recuperar el 50% de su población para 2040. Los datos de captura más recientes son de 3.112 toneladas en 2017, lo que equivale a 25.000 tiburones en peligro de extinción.

Los barcos de pesca que siguen las rutas migratorias de pez espada utilizan métodos destructivos como líneas de palangre kilométricas con miles de anzuelos, que a menudo capturan tiburones y otros animales. El principal reclamo para pescar tiburones son sus aletas, que en algunas culturas se aprecian como un manjar. La Unión Europea prohíbe a los barcos europeos en todo el mundo y a los que faenan en aguas comunitaria la cercenación de aletas de tiburones vivos y la posterior devolución de los cuerpos al mar. Según el informe, la flota pesquera española es responsable de la captura de la mayor parte de tiburones en la Unión Europea. Un dato: de las 58.476 descargas de tiburones realizadas por barcos españoles entre 2013 y 2014, solo se realizaron 235 inspecciones (menos de un 0,5%), lo que evidencia la escasa vigilancia en el mar y la ausencia de una sólida gobernanza internacional.

Una investigación de 2014 sobre el estado de 1.041 especies de tiburones, rayas y quimeras estimaba que un 25% están amenazadas por la sobrepesca, tanto por su captura directa o accidental. De estas 1.041 especies, solo un tercio se considera que se encuentran “a salvo”, lo que las convierte en el grupo más vulnerable de entre todos los vertebrados estudiados hasta la fecha. Esto es especialmente preocupante porque los datos para casi la mitad de especies son inexistentes o deficientes. Hace un mes, en mayo de 2019, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que elabora el listado de especies amenazadas de nuestro planeta, clasificó 17 especies de tiburones -entre ellos, el tiburón marrajo común- dentro de la categoría de peligro de extinción. Según el estudio de Greenpeace, algunas poblaciones de tiburones han disminuido hasta en un 99% debido a la actividad humana.

Este informe se publica al mismo tiempo que el buque Esperanza navega desde el Ártico hasta la Antártida como parte de la expedición más ambiciosa de la historia de Greenpeace, para documentar, con un equipo científico de primer nivel, las numerosas amenazas a las que se enfrentan las aguas internacionales y pedir un Tratado Global de los Océanos en Naciones Unidas. Este tratado podría allanar el camino para la creación de una red de santuarios marinos en el 30% de las aguas de alta mar para 2030, tal y como solicita la comunidad científica, lo que dejaría fuera de sus límites a las actividades humanas dañinas y permitiría la recuperación de la vida marina.

Actualmente no existe un mecanismo legal para establecer santuarios marinos en aguas internacionales y solo alrededor del 3% de los océanos está totalmente protegido. Durante años se ha hecho patente el fracaso generalizado de los organismos regionales de gobernanza que, en vez de ceñirse al asesoramiento de la comunidad científica, permiten a la industria pesquera arrasar los ecosistemas marinos -y esquilmar las poblaciones de tiburones en todo el mundo- a través de prácticas dañinas.

“Los pescadores artesanales y sostenibles dependemos de poblaciones sanas de tiburones y otras especies de peces que se encuentran en la parte superior de la cadena alimenticia para mantener el equilibrio de la vida marina en los océanos. Esto nos permite ganarnos la vida de forma sostenible y, al mismo tiempo, apoyar a las comunidades costeras. Pero la pesca no regulada está poniendo todo esto en riesgo con el objetivo de obtener ganancias a corto plazo y sin reparar en las enormes pérdidas que supone esto para el futuro de muchas personas”, ha declarado Jerry Percy, un pescador artesanal británico a bordo del Esperanza que representa a numerosos pescadores artesanales y de bajura en toda Europa.

 

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